Soñar no cuesta nada: Antonio Savinelli rescata el cine venezolano.

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Conocí a Antonio Savinelli en casa porque necesitaban la ayuda de Rahamut para editar unos comerciales del Instituto Universitario Nuevas Profesiones. Luego nos encontramos en la Cinemateca Nacional, porque se iban a presentar los cortos del Taller Práctico de Cine (XII), también un par que él había realizado. Como este mundo es tan pequeño, sus amigos y los de la familia Rahamut-Chirinos, terminaron siendo los mismos. Pero antes de llegarlo a conocer por completo, Antonio Savinelli se marchó a España a realizar su único y gran sueño: hacer cine. Cuando le escribimos para saber si nos podía hablar sobre su estadía, nos comentó que este e-mail había llegado en hora buena porque se encontraba revisando ese viaje que lo llevó a alejarse de sus seres queridos: Esta fue su gran respuesta:

 

“Llegué a España hace un año para estudiar un Master en guión de cine, gracias a una beca que me otorgó el Programa Ibermedia. Mis expectativas eran: encontrar trabajo en cine, llenarme de contactos que me pudieran servir más adelante y paralelamente escribir un guión de largometraje bajo la supervisión de los profesores.

 

Envié ciento veinte curriculum a empresas productoras y ninguna llamó, los supuestos contactos jamás aparecieron y los expertos profesores (sin desprestigiarlos) no aportaron de mucho, supongo que por las fallas a nivel organizativo del master, o sencillamente porque bajo teorías, pragmatismos y visiones comerciales, no se puede realizar una verdadera obra artística. Criticaban constantemente el cine norteamericano y nos adoctrinaban sus reglas, idolatraban películas que aportaban nuevas estructuras narrativas, pero te negaban la posibilidad de hacer algo fuera de los cánones establecidos, hasta que terminé abandonando la escritura del guión, por lo millones de prejuicios que sembraron en mi cabeza.

 

Trabajé como recepcionista en un hostal, ahorrando la mayor parte del sueldo y la otra gastándola en una que otra fiesta con amigos del master. Descubrí que si te descuidas y pierdes por momentos el norte de tus sueños, irremediablemente te comienza a absorber el sistema. Terminas conformándote con la vida que tienes, puedes comprar cosas, comer bien, no existe la inseguridad, pero al final es igual o peor.

 

Lo que más extraño de Venezuela es: luchar sin fatiga para cumplir mis objetivos, filmar y los Talleres Prácticos de Cine, donde conocí a los verdaderos artistas.

 

Actualmente vivo en Barcelona y tomé nuevamente las riendas de todo esto, estoy escribiendo no uno sino dos guiones de largometrajes, y antes de esperar la tan ansiada posibilidad de trabajar en cine, prefiero registrar una productora de cine (a través de financiamiento y subvenciones) e intentarlo por mi cuenta, ¡como siempre!

 

Mis planes son los mismos que tenía antes de venir, levantar algún tipo de financiamiento en Europa para utilizarlo en Venezuela.

 

Mi responsabilidad con la gente del taller es mucho más comprometida que antes, porque siento que estando aquí a mediano plazo les puedo brindar y garantizar una forma más segura de hacer cine en Venezuela.

 

Al final de cuentas mi experiencia en España no ha sido traumática, por lo menos aprendí a cocinar mejor, planchar, y lavarme los interiores.

 

Europa termina siendo igual de difícil que nuestro país, y supongo que en cualquier parte del mundo será lo mismo, la diferencia la hace uno y no dejar de creer jamás en nuestros sueños.

 

La visión cinematográfica de Valencia es como decía un amigo del master: - A Valencia le falta que la desvirguen para que se convierta en una verdadera ciudad.

 

Anécdota tengo muchas, por ejemplo vivía con un inglés de 69 años que en invierno se bañaba con agua fría y después caminaba por la casa descalzo y en toalla, mientras yo dormía con una cobija de invierno y cien trapos encima.

 

Otra de las cosas buenas que me sucedieron fue que en Valencia me publicaron el cuento Tomates Maduros, de mi libro de cuentos. Tuvo un tiraje de 20 mil ejemplares. Además realicé dos muestras de los cortos y Corto Circuito (una distribuidora) exhibió algunos cortos de los talleres durante un mes en Valencia”.

 

Por: Susana Chirinos

 


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