El corto roza la literatura: un papel y un lápiz. Puedes darle rienda libre a la imaginación con una sola camarita y una computadora (Revista Vertigo)

fotografía valencia

Beatriz Ciliberto y Antonio Savinelli andan en buena racha. Radicados ambos en el exterior, ella acaba de volver a Venezuela para participar en la producción de la película que rodará Fina Torres en el Amazonas. Luego viajará a África, para hacer un reportaje de largo metraje en Angola, Mozambique, Suráfrica y Zambia. 

 

Él ha regresado al país para resolver detalles para la realización de su primer largo, que ya tiene título: Tomates maduros, escrito en colaboración con José Vicente Miralles. 

 

El proyecto de Ciliberto, quien es egresada de la Escuela Internacional de Creación Audiovisual y Realización en Francia y de la Academia de Cine de Nueva York, será la continuación de una producción que hasta ahora sumaba cuatro cortometrajes, mientras que Savinelli, quien ha cursado un master de guión en Valencia, dará el salto al formato largo luego de foguearse en la dirección de siete cortos, uno de los cuales -Zumo de naranja (2005)- fue seleccionado para participar en el pasado Festival de San Sebastián.


Los dos presentaron al público de Caracas una muestra de sus trabajos: la pieza que fue a San Sebastián y la posterior Como el agua (2007), de Savinelli, y Bolsa de huesos y recuerdos (2005) de Ciliberto. 

 

Además del Master en Guión de Cine en el Centro de Formación de Guionistas Luis García Berlanga de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Valencia, España, Antonio Savinelli también se desempeña como profesor de Dirección de Cine en la Escuela Off de esa ciudad. Ha dictado además talleres de guión en la Universidad de Córdoba, en Colombia, y en Venezuela. Fue también uno de los organizadores del Taller Práctico de Cine que se dictó entre 2002 y 2003, y en el que fueron producidos 12 cortometrajes en 16 mm. Su viaje de estudios a España fue posible gracias a una beca de la Fundación Ibermedia. 

 

Beatriz Ciliberto ha trabajado como productora y asistente de dirección en diversos documentales. Fue seleccionada para el Sithengi Talent Campus en Suráfrica, donde nació el proyecto que la llevará a rodar próximamente en ese continente.

 

—¿Cómo llegó Zumo de naranjas al Festival de San Sebastián?

—Donde yo estaba haciendo el master hicieron un concurso –explica Antonio Savinelli–. Al mejor guión lo iban a seleccionar para hacerle toda la producción. Yo hice el guión pero no fue ganador. Entonces, como a mí me había gustado el guión dije que lo iba a hacer por mi cuento. Le pedí una camarita prestada a una amiga, una MiniDV de las normales, y lo hice. Después lo mandé, y lo aceptaron. Me di como el gusto, la verdad. 

 

—¿Ustedes continuarían haciendo cortometrajes, si tuvieran la oportunidad de desarrollar una carrera en el largo?

—Yo lo que quiero hacer realmente es largometraje –confiesa Savinelli–. Pero, si existe la posibilidad más adelante, y me provoca, hago un corto. Porque me parece que es un formato bastante rico en lo que se refiere a las propuestas. Es muy amplio. En un largo uno tiene que pensar más en el espectador, por todo lo que requiere a nivel económico. En cambio, un corto le da rienda libre a la imaginación y puedes inventar lo que quieras. Por eso no descartaría el corto más adelante.

 

—Yo pienso igual –añade Ciliberto–: quiero seguir haciendo cortometrajes. En el corto y existe la posibilidad de ser egoísta y hacer algo para ti. Un largo es realmente algo que tienes que vender. 

 

—¿Es el corto uno de los formatos más personales del cine entonces?

—Sí, yo creo que es lo más personal –sostiene Savinelli–. Incluso ahora, con toda la tecnología que hay es mucho más personal. Yo creo que el corto roza la literatura: un papel y un lápiz. Puedes darle rienda libre a la imaginación con una sola camarita y una computadora.


—Ustedes dos han viajado fuera de Venezuela y se han formado en el exterior. Salir del país, ¿es como ir a las Grandes Ligas del cine?

 

Antonio Savinelli duda antes de responder.

—Es difícil la pregunta. Yo creo que sí y no. Sí, en el sentido de que siempre hay que salir del país de origen para ver a tu país desde fuera. Y en realidad es obvio que el cine que se hace en Europa es un cine de mejor calidad, sobre todo por el dinero que le inyectan al cine. Entre comillas, ahí sí sería como las “Grandes Ligas”: tienes los festivales internacionales, que en su mayoría están en Europa. Pero, por otro lado, en Venezuela no hay que envidiarles nada a otros países. Aquí también hay buenos equipos, buenos técnicos, buenos cineastas...

—Pero...

—Pero falta desarrollar mucho más el cine, como en toda Latinoamérica.

 

—En tu corto parece haber un afán de trascender la limitación del lenguaje y la localidad, Beatriz.  ¿Eso fue una búsqueda deliberada?

 —No. Eso fue más que todo por la manera como se filmó, sobre todo por la locación. El corto era un poco más en otro estilo, tenía otro ambiente planteado. Y después, cuando yo conseguí ese lugar donde filmé, cambió la idea del corto. Me adapté al lugar y adapté un poco el personaje al sitio. No cambió totalmente el significado del corto, porque se podía hacer en cualquier otro lugar. Pero cambió un poco el ambiente que se le creó: el personaje, el vestuario, todo cambió gracias a la locación.

 

—Pero, si dices que pudo haber sido hecho en cualquier otro lugar, sí pareciera haber un afán de ser universalista.

—Sí. En cualquier lugar quiere decir en cualquiera de las locaciones. Un lugar como estándar.

 

—Entonces, ¿crees que el cineasta debe ser universalista?

—Sí, claro, porque nosotros no tenemos que buscar a un público sino a todo el mundo. Eso es lo que quisiera poder hacer. 

 

—La compenetración con España que se percibe en tus cortos, Antonio, ¿se dio naturalmente o fue un afán?

—Eso se dio naturalmente, porque desde el primer momento no intenté hacer cortos. Yo me fui a España sobre todo para formarme y para ver mi país desde fuera. Pero yo los proyectos que tengo quiero hacerlos aquí en Venezuela.


 

—El Gobierno de Venezuela acaba de otorgarle 18 millones de dólares a Danny Glover para que haga una película. ¿Qué haría Antonio Savinelli si le dieran 18 millones de dólares?

—Yo me gastaría 1 millón de dólares en mi película y con los otros 17 millones forjaría una escuela de cine donde se pueda formar gente. 

 

—¿Y Beatriz Ciliberto?

 

—Yo haría mi documental, y luego financiaría 10 películas más. Utilizaría el dinero para producir largometrajes aquí en Venezuela.

 

Por: Pablo Gamba


 


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