Cineasta venezolano estrena corto en España (Periódico El Nacional), Antonio Savinelli

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El director venezolano Antonio Savinelli presentó su más reciente cortometraje Como el agua el 21 de febrero en Valencia, España. Es el producto de una semana de grabación en la madre patria, pero también de una carrera constante de este joven creador, quien ya lleva siete producciones en este formato y negocia en las oficinas del Festival de San Sebastián el financiamiento de su primer largo.

 

Savinelli se fue hace cuatro años a España a hacer un master en guión de cine y se residenció allá. Ha conseguido algunos logros, como la inclusión de su penúltimo corto, Zumo de naranja (2005), en el Festival Internacional de Cine de Donostia-San Sebastián. Este joven vive a tiempo completo de lo que le gusta: hacer cine. Además, enseña a otros cómo lograr este objetivo, por medio de sus clases como profesor de dirección en la Escuela Off Valencia.

 

El-Nacional.com lo entrevistó vía electrónica para conocer un poco más de su última producción, que se estrenará en el país a finales de este año, también para saber cuáles serán sus próximas realizaciones.

—¿Cuál es el argumento principal de Como el agua?

—Habla sobre el paso del tiempo y las generaciones, a través de la mirada de un hijo que está pescado con su padre en la playa, al que ve por última vez antes de emprender el viaje de su vida.

 

—¿Cuánto tiempo le llevó grabar y armar el equipo? ¿Cómo consiguió financiamiento del Ayuntamiento de Xàbia?

—Rodamos en dos días. El equipo de trabajo lo armó el productor Ismael García, y tardó un par de semanas gracias a su experiencia en producción. Nosotros conseguimos financiamiento con relativa facilidad porque el guionista, José Vicente Miralles, nació en Xàbia, y a través de algunos conocidos lograron una entrevista con el alcalde. En la reunión le explicaron la importancia que tenía para el pueblo mostrar sus parajes naturales en un cortometraje. De esta manera, nos ayudaron con parte de los gastos del rodaje.

 

—¿Qué le motivó a partir a España?

—El primer motivo era para realizar un master en guión de cine, en ese momento deseaba dedicarme por entero a la escritura del guión de Tomates maduros, y aprovechar la asesoría de los profesores. En segundo lugar, para buscar financiamiento y distribución en Europa. Y por último, como experiencia de vida. Pienso que cualquier persona que desea dedicarse a profesiones artísticas, debe conocer el mundo y observar su país desde fuera.

 

—En la última edición de los Oscars había dos cortometrajes españoles nominados, ¿eso es un indicio de fortaleza de este formato en España o es mera casualidad? ¿Nota diferencias importantes entre el papel que se le concede a los cortos en España y en Venezuela?

—En España es muy fuerte el formato del cortometraje, tengo entendido que se realizan miles por año. Adicionalmente, hay 300 festivales en todo el país, y muchas ayudas económicas. Se ha llegado a estas cifras gracias al aporte del Estado y a través de leyes efectivas. Imagino que en Venezuela en pocos años, la producción cinematográfica tendrá un crecimiento acelerado, porque se está creando la plataforma necesaria, para impulsar nuestra cinematografía


—En su posición como profesor, ¿cómo ve el cine en Venezuela en comparación con el de otros países en cuanto a los aspectos técnicos y a las historias que se narran?

—A nivel técnico no tiene nada que envidiar a otros países, incluso me atrevería a decir que nuestros técnicos son mejores que los españoles, porque están capacitados para realizar varias labores a la vez, y trabajar con pocos recursos. En el ámbito narrativo, siento que le falta identidad. La mayoría de las veces nuestros realizadores piensan más en función de un público extranjero, que del propio. Hubo una excepción durante los veinte años de bonanza del cine nacional, y de realizadores como Román Chalbaud, Clemente de la Cerda, etc., películas como Macu, País portátil, La boda, por nombrar solo algunas. Nuestro cine logró esa identidad, porque había el dinero e interés para hacer cine. En ese sentido, actualmente existe el mismo interés por parte del Estado (dejando a un lado la politiquería), para que el cine nacional resurja nuevamente, siempre y cuando los realizadores sean honestos, y cuenten sus historias y no la de otros.

 

—Ha incursionado también en la literatura con el libro Alévola y otros cuentos, ¿Cómo influyen las dos formas de escritura en sus creaciones?

—Escribir literatura es mucho más agradecido, porque no dependes de un equipo de trabajo, presupuestos, días de rodaje, etcétera. Es sencillamente un lápiz y papel. La creación se torna más libre y visceral, das rienda libre a la imaginación y todo puede suceder. Mientras tanto, en el cine la referencia es la “realidad”, justificar todo, colocar cosas que hagan avanzar la historia; depende de muchos factores. Mientras que al terminar de escribir un cuento, el proceso concluye, en el cine es sólo el comienzo de un largo camino.


—¿Cómo ha resultado la tarea de buscar financiamiento para su primera película a través la oficina de ventas del Festival de Cine de San Sebastián? ¿Cómo funciona esa modalidad?

—Los mercados internacionales son salas de reuniones, para vender, comprar y distribuir, tanto proyectos como películas. Sirve para hacer un primer contacto, presentar el dossier, hablar sobre el presupuesto estimado del proyecto y las distintas necesidades del filme. Funciona muy bien, porque justamente están las posibles productoras interesadas en tu proyecto. Aparte de que puedes llegar a tener unas veinte reuniones durante el festival, esto acelera las negociaciones y te ubica con más claridad en el calendario de financiamiento. Lo difícil es concretar las citas y utilizar el poco tiempo que tienes en cada reunión para convencer a los inversores.

 

—¿Por qué le llamó tanto la atención la historia del grupo de rock venezolano Laberinto?

—Me parece interesante hacer un documental sobre esta banda que ha logrado cautivar el público Europeo gracias su fusión metal latino. Ellos al igual que su género, se han fusionado con otro continente. Me llama la atención como lograron encajar en un país totalmente distinto a Venezuela, qué factores determinaron su éxito en Holanda, cómo los ven ellos y nosotros.

 

—¿Cuáles son sus recomendaciones para los jóvenes que desean iniciar una carrera como cineastas?

—Que no dejen de creer jamás en sus sueños, que trabajen con tesón, constancia, comprometidos con su época. Que lean, viajen, vivan, y, lo más importante, que si escogieron esta carrera sólo existe un camino: filmar.

 

—¿Tiene algún rito a la hora de grabar?

—El único rito que tengo es llevar todo organizado, y mantener un buen ambiente de trabajo en el set.

 

—¿Existe algún colectivo de venezolanos haciendo cine en España?

—Conozco algunos que están haciendo cine, pero no hemos conformado ningún grupo. ¡Eso sería una buena idea!

 

—¿Fue difícil emigrar y trabajar en lo que le gusta hacer?

—Difícil hasta cierto punto, por un lado obtienes experiencias nuevas, y aprecias cosas que renegabas. Pero es fuerte estar en un país desconocido, con otra cultura, sin amigos, y vulnerable. Pero si mantienes el norte, luchas por tus sueños y te llenas de paciencia, tú realidad se termina imponiendo, los momentos malos se desvanecen, las puertas se abren y terminas sintiendo como si estuvieras en Venezuela.

 

 

Por: Simón González


 


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