Director de fotografía

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Cada fotograma debe ser un Rembrandt

 

El director de fotografía pinta sus pensamientos y trasmite sensaciones y emociones a través de la luz, es un artista en toda regla. En las películas sin presupuesto, el director de fotografía en vez de pintar, dibuja, trasmite en singular sensación y emoción, y, más que un artista, es práctico y técnico, pero no por ello es menos Rembrandt o Caravaggio.


 


Director de fotografía Pedro Martínez Laya en el rodaje de Octavo Arte, 1998.


Para las películas low cost, el director de fotografía tiene que ser casi un hermano artístico del director, con el mismo mundo, gustos visuales y que tengan la suficiente confianza para decirse las cosas a la cara sin que el otro se sienta ofendido. De esta forma, el director de fotografía tendrá el derecho y la autoridad de echar del set de rodaje al director cuando pierda el control o cuando crea que la película va fatal el primer día de rodaje. También debe ser quién equilibre el equipo de trabajo y, en cierta forma, maneje los ritmos.

  

Un buen director de fotografía es el que aporta, en vez de generar obstáculos, que sonríe cuando quiere gritar, que le dice dos palabras bonitas a la actriz cuando tiene un ataque de pánico pensando que interpreta mal, que achucha a sus técnicos en situaciones de estrés y luego les regala una chocolatina, que se va el último y llega el primero al rodaje, y que se sirve el mejor plato durante la comida.

 

Tiene que ser un nostálgico, pensar que la época pasada siempre fue mejor, venir del mundo del analógico, que su lente preferido sea un 50 mm y, a su vez, conozca los últimos avances tecnológicos. Que al entrar en un interior lo primero que busque es la luz de la ventana o en su defecto reproducirla, colocar siempre la cámara donde cae la sombra, iluminar con una luz principal y una de relleno, que domine el eje sin necesidad de abstraerse, el valor del close up, el falseo y profundo conocimiento del montaje.

 

Un director de fotografía ilumina con una luz, si no tiene pantalla reflectora busca un espejo, si no tiene dónde conectar los focos enciende las luces de un coche y les coloca un difusor, si no sabe algo lo inventa y, aunque no esté seguro, le dice a todos que van por buen camino. Un buen director de fotografía es observador, con una sensibilidad especial, fanático de los atardeceres con nubes, que pasa desapercibido y brilla con luz propia sin necesidad de tener que iluminarse.

 

 

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